Un fenómeno anómalo ha empezado a ocurrir: hay un patrón de gente que, al morir, no desaparecen. Se quedan ahí, quemando la mirada, volviendo el tacto en cáustico y los recuerdos en mentiras. Retuercen las sombras y crean monstruos propios, que arrastramos como bola de preso. Tres historias donde lo que no debía estar, está. Y lo que está, duele. Tres puntos de vista trágicos sobre cómo la soledad, el dolor y la pérdida nos deforman y nos obligan a adaptarnos a una nueva realidad donde todo es gris y sabe a cobre.