«Siempre había trabajado mejor de noche. Durante el día había demasiado ruido, demasiadas distracciones que se aferraban a su mente, ya de por sí inquieta, y desmenuzaban su atención como miguitas de pan que acababan dispersas en todas direcciones. La noche, sin embargo, era un remanso de calma silenciosa y oscura. Las criaturas que habitaban en ella, aunque igual de hacendosas que las diurnas, eran más discretas y silenciosas. El aire se respiraba mejor, más limpio y fresco, a la espera de ensuciarse de nuevo con el bullicio de la mañana. La noche era un lienzo en blanco, y ella era el artista, el pincel y el óleo.»
Relato perteneciente al fanzine benéfico «La noche de los mil Luciferes».