Despierta. Abre los ojos. Mira a tu alrededor. Pregúntate, ¿dónde estoy? Percátate, grita, asómbrate. El lugar te resulta familiar, el árbol que te vela te resulta familiar, las nomeolvides que forman tu colchón te resultan familiares. Pero extrañamente extraños. Conoces ese lugar. No recuerdas ese lugar. Cuando giras la cabeza, intentando comprobar si estás bien, no recuerdas si eres hombre, o mujer, o ambas cosas, o ninguna. Entonces es cuando te das cuenta de que no recuerdas tu nombre.